viernes, 26 de agosto de 2011

Los Reyes: ¿Por qué tienen que ser aconfesionales?

Últimamente hemos visto a miembros de la Familia Real, tanto a los Príncipes como a los Reyes, asistir a diversos actos religiosos presididos principalmete por el Papa Benedicto XVI. Algunos de estos actos son, por ejemplo, la beatificación del Papa Juan Pablo II o las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Desde algunos sectores de izquierdas se ha criticado la asistencia de la Familia Real a este tipo de actos religiosos pertenecientes a la Iglesia Católica, diciendo que como España es un país aconfesional (sin religión oficial) no debería asistir el Jefe de Estado a estos acontecimientos católicos, ya que es un acto de favoritismo hacia la Iglesia Católica.
Sinceramente debo discrepar con estos grupos progresistas de izquierdas. La primera razón es que en las leyes de nuestro país se declara la libertad de culto para todos los ciudadanos españoles. El Rey es otro ciudadano más, con derechos y deberes, y como ciudadano de España tiene derecho a asistir a actos religiosos porque la ley de libertad religiosa así lo dice. Por lo tanto la Familia Real no está poniendo en duda el estado de nación aconfesional de España, sino que como ciudadano español tiene todo el derecho a asistir a un acto católico o a recibir al Papa.

La segunda razón es que como Jefe de Estado debe representar a nuestro país y recibir a otros Jefes de Estado. El Papa es Jefe de Estado del Vaticano, y el Rey está obligado a recibirlo.

Además, la Religión Católica es la mayoritaria en España, y a muchos católicos (la mayoría de los españoles) nos agrada ver a su Majestad asistir a un acto religioso. Por cierto. Zapatero fue a un desayuno de oración protestante con Barak Obama y no se le criticó. Si lo miráramos con los mismos ojos (como la gente de izquierdas ve lo del Rey y el Papa) Zapatero habría puesto en duda la aconfesionalidad de España, ¿no?

Aún hay más; una misa no es nada malo ni perjudicial. Podríamos quejarnos de la presencia del Rey en algún acto que estuviera, por ejemplo, a favor del terrorismo o la delincuencia. Entonces sí que habría que preocuparse.